ÍTACA, ÍTACA, ÍTACA...


GERMÁN RODRÍGUEZ CABRERA

Historiador de Arte

Los Realejos, diciembre 2025


Una floración geográfica rodeada de agua en todos sus lados es la definición más genérica de una isla, pero la idea de isla posee muchas lecturas, interpretaciones o lecturas. Visiones e imaginario que la literatura, la historia o las artes han ido conformando en el tiempo.

Canarias es una realidad isleña, ocho identidades en una. Nuestra ubicación en el planeta nos ha conformado como depositarios de un legado compuesto por la relación con tres continentes. Ubicados al lado de África somos las puertas a Europa y América. La historia de las islas está llena de Ulises, que parten de su patria y tras su viaje vital, anhelan la vuelta a su solar de origen. La Ilustración dio muchos ejemplos en el siglo XVIII. Uno de los más destacados isleños de su tiempo, José de viera y Clavijo los recordó en su Can Mayor donde relata el éxito de los isleños fuera de su terruño, un momento dulce para el avance de las islas.

Eilyn Pérez Amores (La Habana, Cuba, 1970) resulta otra de las tantas creadoras llegadas hasta Canarias a lo largo de su historia, artistas que conforman un nutrido grupo de las más diversas nacionalidades, en su mayoría aún por estudiar y valorar. Ella llegó a Tenerife en 1994 donde se licenció en Bellas Artes, completando su formación artística en dibujo y grabado de su isla natal; es, además, autora de dos poemarios. Si analizamos la obra que presenta en esta muestra, descubrimos parte de su trayectoria vital. Las creaciones plásticas que propone recuerdan a los grabados, una disciplina poco usual ennuestro territorio. Las obras se desarrollan tras un amplio margen del blanco papel en la que se trabajan. Recrean o recuerda de manera involuntaria o no, a la huella dejada por las planchas grabadas una vez salen del tórculo. Frente a las amplias manchas de tinta que componen la obra, el grueso de cada una de ellas, destaca la minuciosa y cuidada trama que las remarca. Un laborioso trabajo, limpio y detallista, que revela su formación en el mundo del grabado y el dibujo. Cada una de las piezas es un recreo en la técnica, contenida y virtuosa, que nos habla del lento transitar de las horas en el taller. Un lento proceso de trabajo que nos aleja del nihilismo y la angustia existencial que nos rodea en nuestro día a día. En esa idea de alejarnos de cierta angustia existencial puede entenderse y encajar la figura humana que aparece en cada una de sus peñas, roques e islas, en las obras que ahora presenta.

Eilyn Pérez Amores, con su obra, parece viajar en el Atlántico, por esa franja creada entre los dos trópicos, recrea su tránsito entre el Caribe y la Macaronesia. Plasma cierto periplo vital, la búsqueda de un nuevo horizonte para el desarrollo personal, como los ilustrados canarios del setecientos. Ella está presente en la figura que mira desde tierra o en la que navega sobre los barcos, la que contempla las formas geométricas, las creaciones humanas que aparecen en el paisaje. Desde esa atalaya, en la que habita la artista, dibuja la isla soñada, de una u otra orilla del Atlántico, esa Ítaca soñada, anhelada…

Las obras se crean de manera clara y austera, negro sobre blanco, recordando al hueco de la plancha de cobre que se llena de tinta. Materia y vacio que ahondan en la relación del ser humano con el territorio, con la isla en la que habitamos, con la realidad de nuestras existencias. No toda existencia es agradable, plena o fecunda; la historia del arte, de la literatura, las historias personales están llenas, también de vacios, de desencantos, que al mismo tiempo son ricos nutrientes.

Mientras tras la pantalla del ordenador suena My heart's in the hinghlands (Mi corazón está en las tierras altas) del compositor Arvo Pärt (Estonia, 1935) escribo sobre las creaciones de Pérez Amores y la composición de Pärt evoca el amor por su particular Ítaca. Las tierras altas, la isla, la peña desde donde contemplar el lento caminar de las horas del que habla Agustín Espinosa García en La Casa de Tócame Roque, puede ser una de forma de hallar la belleza, la anhelada belleza que todo ser creativo busca en su discurrir existencial. El eterno viaje a Ítaca, es la utópica búsqueda de la gran belleza que todo creador (también algunos historiadores) busca, persigue en su obra, en su vida… Alcanzar la recordada Ítaca.

Eilyn Amores © 2001
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