
En un mundo de naufragos
apenas unos pocos tienen la suerte
de llevar sus cuerpos a la orilla.
Pobre de ti, Ulises
siempre dormido, frente a Ítaca
Eilyn Amores
Desde hace años, la idea del viaje me acompaña como una metáfora persistente. Siempre hay una Ítaca en el horizonte: un destino imaginado, un punto de llegada que nos impulsa a seguir. Sin embargo, el tiempo me ha enseñado que no existe una sola Ítaca. Cada etapa de la vida contiene su propia travesía, su propio regreso, su propia puerta por cruzar.
«Cuando pensamos en el viaje, irremediablemente vislumbramos una Ítaca en el horizonte». Ítaca, Ítaca, Ítaca… reflexiona sobre el viaje no como destino, sino como tránsito y experiencia vital. «Desde niña, el sueño de la partida y la llegada» atraviesa este proyecto, donde ir y volver se funden en una misma tensión, recordándonos que «la vida está en otra parte» y que seguimos, aun así, «de camino a Ítaca».
La exposición reúne dibujo y escultura a través de cuatro materiales cargados de memoria —bronce, papel, tinta y madera— como «una pausa simbólica en medio del camino». Las obras, siempre cercanas a la escritura en su esencia gráfica, proponen «un juego entre lo dicho y lo omitido», donde cada trazo definitivo fija lo efímero y da forma a lo intangible.

Sin título
Bronce y plata
30 x 13 x 12 cm

Sin título
tinta sobre papel
100 x 70 cm

Sin título
Bronce y plata
30 x 30 x 30 cm

Sin título
Madera , plata y tinta
100 x 13 x 20 cm
Visita comentada
Catálogo de ÍTACA, ÍTACA, ÍTACA

